20 de octubre de 2012

ADIÓS SIN ESTRENAR LA A-40



Llegamos tarde al vial de regreso a la nada,

ambos sabíamos que estábamos ante

una oportunidad única e irrepetible.

Las manos hablaban un idioma desconocido

para nosotros

y de camino, los semáforos en rojo

tenían forma de corazones rotos.

Llegamos tarde y no tuvimos en cuenta las heridas

que ambos teníamos aún sin cicatrizar.

Nuestras bocas decían palabras que ocultaban

verdades y rencores,

las señales de prohibido nos marcaban el rumbo

que no teníamos que seguir.

Llegamos tarde y de vuelta de todo,

mirábamos por la ventanilla del coche y el vaho

no nos dejaba ver el otro lado de la calle.

Se nos acumulaban los prohibido adelantar

en vías de un solo carril, pero nosotros

pisamos el acelerador a fondo.

Y en ese momento fue cuando supe

que por mucho que nos saltásemos  stops

y que no respetásemos los cebreados,

nuestro viaje estaba abocado al fracaso

desde que arrancamos la aventura,

desde que nos dijimos –Hola- después de algunos años,

desde que te ayudé con aquel albergue de Ámsterdam.

Llegamos tarde a lo nuestro

y me alegro, ahora me alegro…

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